Proceso de paz en Colombia: ahora o nunca

Ángel María Garay. Director Ausbanc Editorial Internacional.Adjunto a la presidencia de Ausbanc.
Ángel María Garay. Director Ausbanc Editorial Internacional.Adjunto a la presidencia de Ausbanc.

"Lo hemos vivido en casi todos los países del mundo dónde se ha asistido a negociaciones de paz. La guerra es mucho más fácil de vender que la paz".

El pasado 11 de julio, el Presidente Santos se vio en la obligación de participar de forma muy activa y contundente para volver a inyectar oxígeno a un proceso de paz, que, lamentablemente para las necesidades e intereses de los colombianos de toda índole, estaba llegando a un callejón sin salida y, por tanto, a que el país vuelva a la posición de inicio: una guerra de cincuenta años y 200.000 muertos.

El Presidente Santos ha transmitido a los negociadores de la guerrilla que hay que acelerar las conversaciones y hay que avanzar sin demoras en la definición de los términos del Cese al Fuego y de Hostilidades Bilateral y de la Dejación de Armas. Y ha hecho una cosa importante, aunque claro está, también tiene sus riesgos: dar un plazo de cuatro meses para ver si las FARC cumplen y, a partir de ahí tomar la decisión de continuar o no con el proceso.

Todas las negociaciones de paz, sobre todo cuando lo que se dirime en un enfrentamiento dentro de una misma nación, son extraordinariamente complicadas. Es mucho más fácil alentar los sentimientos de las víctimas, el odio, la lucha sin cuartel contra el enemigo y envolverse en la bandera patria para defender todo tipo de intereses bastardos.

El Presidente ha transmitido a los negociadores de la guerrilla que hay que acelerar las conversaciones y avanzar en la definición de los términos del Cese al Fuego.
El Presidente ha transmitido a los negociadores de la guerrilla que hay que acelerar las conversaciones y avanzar en la definición de los términos del Cese al Fuego.

Lo hemos vivido en casi todos los países del mundo dónde se ha asistido a negociaciones de paz. La guerra es mucho más fácil de vender que la paz. Los siniestros líderes de la violencia gozan de mayor y mejor reputación que los esforzados y criticados postulantes de cerrar heridas y llegar a acuerdos con el enemigo para garantizar la paz para nuestros hijos y nietos.

Eso lo sabía el Presidente Santos desde el principio y lo ha dicho de manera clara en todos los foros en los que ha participado. Pero una cosa es decirlo y otra sufrir el desgaste de ver cómo las FARC siguen actuando en distintas regiones del país de tal manera que da munición para los que buscan en la ruptura de las negociaciones su mayor éxito político. Es ruin y miserable, pero es la verdad. Y los que están poniendo toda su energía en que el proceso por la paz salte por los aires tienen que saber que no hay ninguna gloria en su actividad. Todo lo contrario. Preferir la guerra, la destrucción, los asesinatos, la pobreza, la ley de la violencia en muchos territorios de la Patria para conseguir réditos políticos sitúa a sus partidarios en la ignominia de la historia con mayúsculas.

Quiero decir claro y alto que Álvaro Uribe fue un magnífico Presidente de la República de Colombia desde 2002 hasta unos meses antes de la extinción (contra su voluntad) de su segundo mandato. Hizo que Colombia pasara de ser un Estado fallido, un juguete en manos de la guerrilla, los narcotraficantes y los paramilitares a un Estado que se enfrentó con éxito a todos esos grupos ilegales y violentos generando nuevos espacios de ilusión y libertad para los sufridos ciudadanos de Colombia. Pero finalmente su éxito le nubló el buen juicio y quiso convertirse en un dictatorial César para la República. Hizo todo tipo de maniobras sucias para conseguir la legalidad de un tercer mandato claramente anticonsitucional, que afortunadamente, no logró. Su círculo más cercano de colaboradores no solo actuó con ilegitimidad constitucional sino que participó directamente en maniobras corruptas para conseguir un enriquecimiento personal a todas luces penalmente reprochable.

Y en el culmen de sus infortunios su leal colaborador, Juan Manuel Santos Calderón, su arma letal contra las fuerzas ilegales de la Nación, llegó a la Presidencia y tuvo la “osadía” de no ser un mero testaferro a su servicio sino de liderar e impulsar un renovado proyecto político tanto en el orden nacional, como regional e internacional.

Por todo ello, resulta decepcionante que la otrora brillante figura de Álvaro Uribe se vea hundida en el fango de la ignominia y abandone su patriotismo por ejecutar la revancha contra su antiguo delfín. El problema de todas estos orgullos heridos es que se pagan con el alto precio de la vida y la prosperidad de los ciudadanos de a pie que no desean pasar a la historia sino vivir cada día dignamente, con su familia y amigos, sin tener que temer por una bala, una bomba o un secuestro.

El apoyo al proceso de Paz no es un apoyo a Juan Manuel Santos Calderón. Es una apuesta difícil, madura, serena para que todos y cada uno de los 45 millones de colombianos puedan levantarse un día en un país en paz y prosperidad y que puedan decir con orgullo que es su legado para sus descendientes. Uno puede ser de conservador, liberal, socialista o revolucionario. Uno puede tener sus simpatías por un partido o por otro, o por ninguno.

Uno puede votar por Santos o por Uribe o por un tercero o por ninguno. Pero todos y cada uno de los colombianos tiene que apostar por la culminación satisfactoria del Proceso de Paz. Y si finalmente no se consigue cada uno tendrá que rendir cuentas de sus actos ante sus conciudadanos, la Nación y lo que es más difícil frente a su conciencia (y para los creyentes ante Dios).

En Europa acabamos de ver cómo un dirigente narcisista y solo preocupado por sus propios Juegos de Tronos (Alexis Tsipas) ha movilizado en su exclusivo beneficio a un país convocando un referéndum contra los únicos que podían ayudarle (los países de la UE). El ganó el referéndum pero el precio lo están pagando los ciudadanos griegos con semanas de corralito financiero, descenso dramático de la economía y un plan de rescate mucho más duro y perjudicial que el que podrían haber obtenido antes del referéndum.

No consintamos que los propios Juegos de Tronos de dirigentes políticos que ponen sus intereses particulares o sus fobias personales por encima de los intereses de la Nación perjudiquen el Bien que aquí estamos protegiendo: LA PAZ en beneficio de todos y cada uno de los colombianos con total independencia de quién sea el Presidente de la República. Ese es el único patriotismo aceptable.

Ángel María Garay. Director Ausbanc Editorial Internacional.Adjunto a la presidencia de Ausbanc.
@AngelMariaGaray

Claudia Quintero

Defensora DDHH

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Acerca de Corporación Anne Frank

La Corporación Anne Frank Colombia ( Sigla Anne Frank ONG) , es una organización de base y de carácter nacional fundada por mujeres víctimas del conflicto armado, que lleva 7 años trabajando por los derechos humanos, la construcción de paz y la formación de espacios de defensa de las víctimas e incidencia política, realizando informes y presentando denuncias de forma pública y buscando soluciones a las problemáticas que han provocado la guerra en Colombia, publicando documentos de investigación y notas de prensa visibilizando los casos de violaciones a los derechos humanos dentro del marco del conflicto armado colombiano y en cuanto a migración, desplazamiento forzado, refugio y Trata de Personas.

Publicado el 24 julio, 2015 en Sin categoría. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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